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OTROS MODOS DE VIVIR LA INVESTIGACIÓN EN NIÑOS Y JÓVENES

Ondas Bogotá concibe la investigación como una experiencia sensible que potencia el pensamiento, enriquece las preguntas y la exalta la imaginación de los niños, niñas y jóvenes

28 Junio 2006

SOBRE LA INVESTIGACIÒN

Uno de los desafíos contemporáneos, en lo que podríamos enunciar hoy como las micropolíticas de la formación en investigación, hace alusión a las formas en que la realidad es sentida y en la cual aquello en lo que somos afectados urge ser pensado y comprendido, dado que lo que aquí se pone en juego es la vida misma y la humanidad en su conjunto, el presente y lo porvenir.

Desde ahí surgen imágenes, pensamientos, preguntas, horizontes que reclaman ser incorporados en el movimiento que la realidad produce entre nosotros. No muy distante de esto, podríamos insistir en el gesto que sugiere ejercer la investigación hoy, que concierne a la creación de comunidades creativas que a la par que legitiman sus saberes, provoca la diseminación de lo investigado en los entornos culturales de donde emanan. Comunidades que producen espacios para que lo investigado sea multiplicado en los microespacios, instalan objetos nómadas que atraviesan con intensidad campos, fronteras, lugares comunes.

Investigar ineludiblemente es un ejercicio político, que solicita de la comunidad de investigadores, no sólo el intervenir en los asuntos públicos, sino también en problematizar, desnaturalizar lo que se antoja normal y crear las líneas de fuga para el devenir de nuevos modos de vida. Tal desafío implica una ética que está más próxima a la composición de ideas, pensamientos y prácticas que a los imperativos y juicios de la moral. Al ser un asunto de comunidad, la investigación se unge de un cariz político y de la política, cuando en lectura de lo más próximo, gesta nuevas relaciones con el mundo y abre otras dimensiones en el movimiento de lo impensado.

Cuando investigamos lo que pretendemos es dar un ritmo a los interrogantes de formas inventivas, leer y poner en suspenso las maneras como vivimos, subrayar el poder que se ejerce en los intersticios de la existencia, incitar a través de la instalación de inéditos interrogantes a nuevos movimientos del pensar, hacer circular nuestras afecciones entre los otros creando espacios-tiempos para el discurrir de lo más entrañable. Investigar como acontecimiento, como producción de efectos múltiples, lo que a primera vista genera es suspender la oleada de discursos que como el perro agarrándose la cola, da vueltas sobre sí mismo. La investigación arranca su sentido en tanto viaje a lo desconocido, aventura que nos toma por completo, cuestión que para darse ha de repensar las formas como habitualmente nos preguntamos, de qué formas, en qué espacios, desde dónde enunciamos los problemas de investigación, entre otras.

Cultivarse como investigador, en efecto, requiere de cierta serenidad, entusiasmo, imaginación creadora, crítica frente a la condición inhumana que permanentemente se nos impone, vivir en la tensión de experiencias límites que nos llevan en el abismo a gestar el acontecimiento, inventar herramientas que inciten, provoquen, ejerzan efecto de toque, ya que es desde ahí y por nuestra condición finita por lo que la pregunta adquiere encarnadura.

Este juego implica asumir los embates de la incertidumbre, los vertiginosos movimientos de la existencia con la inmanencia que urge al pensamiento fraguar la trama en donde habitar. Involucra asumir las experiencias con la confianza necesaria para ser contada, en un tiempo paradójico en el que existiendo muchos medios tenemos poco que narrar.

Investigar es en efecto un modo de vida que permanentemente está desafiando y preguntándose por las potencias, pensamientos, creaciones, de ahí nos preguntamos, qué más queremos saber, si no hemos sentido hasta ahora qué es lo que puede un cuerpo, cuáles son nuestras emergencias, por dónde están circulando nuestros deseos, con quiénes, cuántos, dónde.

El contrapunto de la investigación está en los efectos de resistencia y de creación en los que construimos lo común con el mayor entusiasmo de ir tejiendo en red, imperceptiblemente movimientos planetarios. La Red es aquí una posibilidad para articular gestos, proyectos, investigaciones, creaciones en donde adquiere fuerza y potencia en la medida de sus contenidos y en los continentes que va abriendo. La Red es pensada como otro de los modos de ser conjunto, en la cual modificando las relaciones, tornándolas más ágiles en la sociedad-red, se catapultan herramientas discursivas que potencian movimientos en este escenario múltiple e imbricado que no hemos de enjuiciar hasta intentar poner al servicio toda su potencia.

La creación, la gesta del acontecimiento, la pluralidad de saberes y de experiencias acompañan la puesta en movimiento de los ejercicios investigativos y el goce y la alegría nutren con radical vitalidad el proceso en lo desconocido. Nos damos cuenta que investigar no es sólo explicar la realidad, esclarecer problemas, darse cuenta de un determinado fenómeno, sino que desplaza al cuerpo del investigador a otros espacios en donde vivir, contar, experimentar de otros modos.

La experimentación es un aspecto sumamente importante, que demanda mucho tacto, debido a que lo investigado aún no encuentra otras mediaciones, otros lenguajes en donde diseminarse y poder agenciar lo encontrado de formas más estimulantes. Aún nos cuesta mucho trabajo tal punto, aún somos herederos de ciertos modos constatativos y denotativos donde la realidad la congelamos al convertirla en objeto de investigación. Aún nos cuesta de cierto modo, en nuestra genealogía de nosotros mismos, reconstruir los momentos de quiebre, de lucha, de intimidad de modos estéticos, hilvanando como en una cancioncilla un despertar-mundo.

Dar vida a una experiencia investigativa es lo que en perspectiva venimos formulando, expresión que aúna un conjunto de aspectos relegados, que de cara a nuestro momento por el que pasamos y por la semántica que hoy inscribimos al lado de Foucault como ontología histórica y crítica de nosotros mismos, implica ligado a lo investigado un puente con los procesos de subjetivación entre comunidades creativas.

Poder enunciar colectivamente la diferencia, poder configurar nuevas sensibilidades, poder escuchar y leer de otros modos, experimentar en comunidad nuestras inclinaciones, dejar venir al acontecimiento, generar los espacios-tiempos donde pueda discurrir lo más vital, pensar lo impensado, problematizar el presente, refundar las prácticas sociales y adquirir un compromiso con lo que viene, son entre otras las cuestiones que a nuestro modo de ver son apremiantes pensar en lo que de manera sucinta hemos denominado las micropolíticas de la formación en investigación.

Ahí es tal vez donde ha de situarse la apuesta de semilleros de pensamiento cientìfico, si por esto entendemos la experiencia de una metáfora en dispersión y diseminación de saberes y pensamientos que afirman a la vida, dada su íntima conexión con lo terrestre, con el habitar. Evocamos un sugerente y sugestivo texto de Heidegger en donde muestra las relaciones entre construir, habitar y pensar, en la que nos exhorta en construir desde el habitar y pensar para el habitar, del mismo modo que nos introduce en la problemática inmanente de la experiencia del pensar.

Ondas como otra de las metáforas de la investigación que hoy exponemos, supone nuevas relaciones con las preguntas, con el entorno en que viven los sujetos.
Horizonte que involucra cultivar el espíritu científico desde la cultura escolar, desde la creación de proyectos que provoca transformaciones en las formas habituales como se aprende y se enseña las ciencias, impulsando un movimiento del pensar y crear para vivir a la altura de estos tiempos. Quizás el cultivar este espíritu conduzca a crear nuevas relaciones que contribuyan a potenciar el ser de confianza de los niños y jóvenes, estimular la imaginación que desborda toda cuadrícula que la escuela y los maestros quieren empalizarle, abordar inquietudes con mayor grado de sinceridad, es decir de afección por lo que le preocupa. Este espíritu científico ha de deshacerse de las inveteradas concepciones del quehacer de la ciencia convencional para así asumir con gallardía cómo es posible que la ciencia y la tecnología se despliegue en niños y niñas cuyo presente porvenir en la escuela se encuentra adosada de métodos, técnicas, planes que circunscriben sus intensidades en marcos obtusos.

Hemos de decir adiós a los que circunscribe las experiencias de los niños, niñas y jóvenes, a todo lo que obstruye las sonrisas, las expresiones y lenguajes con los que viven la realidad. Poner en tela de juicio todo método científico si esto clausura los movimientos imaginativos de los niños, suspender el rigor de las disciplinas si estas no enriquecen el pensamiento, sospechar de la ciencia y la tecnología cuando pasan a ser mera tecnología cerebral sin pensamiento.

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